Lo veia como un cuadrado en retro-alimentación, como una respiración. Cortaba su desición en los bordes del cajon, donde su mente indicaba peligro para el fogón.
De ahi curaba el aterrizaje, acariciaba el calor y complementaba euforicamente la idea mas espontánea. Husmeaba los peligros y sin tartamudear se emprendia en un encabalgamiento aritmeticamente basado en finos hilos de comprensión caótica.
Al ojo, sin reconsiderar.